¡Nunca me engañó, nunca la engañé!

La conocí desde muy pequeño.

Creo que, como nos pasa a todos en  la vida, fue el primer amor de mi vida.

Pronto supe que era también capaz de hacerme pequeñas sangrías de dolor o, dejarme rastros de dolor aun, en contra de su propio gusto pero, era su obligación hacerlo así, con tal que el amor perdurase hasta ahora.

Ella, tuvo un solo amor en su vida, y no fui yo.

Se lo disculpé por que , justamente, ese hombre, fue el ídolo de mi vida, también.

Ella fue sólo mujer de ese hombre y yo, de ese hombre y de esa maravillosa mujer, vengo.

Ella fue finísima, justa, educada, una recta pues, parecía no tener ni principio  ni fin en su coherencia.

Fue un centro gravitacional pues, desde propios hasta ajenos, orbitaron a su alrededor, buscando amor, bienestar y gratitud, como sólo ella podía hacer y demostrar que era posible.

Fue madre de cuatro hijos, algunos, tal vez, menos acalorados que otros respecto de estos temas pero todos, buenos, nobles y sinceros. Fueron su pasión y desvelo y por ellos, luchó como una fiera.

Por el hombre de su vida, durmió un año en el banco de madera frío y duro de un hospital de Buenos Aires, hasta verlo volver al mundo de los vivos y laborales.

Ella, fue la leona de su león enfermo y no lo abandonó ni lo cambió por un león joven y  sediento de amor y fue La Leona de Un Solo Mundo: El de su León y su Progenie.

Se ha ido mi madre, Doña Martha Guzzo. Se ha ido, el amor de mi vida. la mujer por la cual, nunca tuve sentimientos más puros,  dolores más profundos.

Se fue, la mejor de la historia de mi vida.

Hablando de mi vida, mi vida, que no se vaya con vos.

¡Te quiero y nunca te dejaré de lado!

¡Besos, mamá!

Tu hijo, Juan

 

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