Hasta el Cielo, ¡siempre!

Se había comunicado por texting mental con su amigo de Saint Louis. Lo invitaba a un encuentro de psico-literatura el día sábado próximo.

Los detalles del encuentro iban apareciendo de a poco y se mostraban en ideogramas en su pantalla cerebral, desde atrás de se cavidad craneana y por enfoques desde su Mariposa Cervical.

Le sugirieron que buscase “El Espacio”, como  punto de encuentro y con todos los detalles y sus habitantes y características.

Se conectó instantáneamente con su Computronic 2050 y dio con la nómina de lugares bajo ese nombre en el Universo hasta el 2049, fecha del último Censo Comercial Galáctico, (CCG, 2049).

Llamó al primero de ellos y una voz muy conocida y amable le dijo:

“- Usted prefiere un Espacio de Teatro Cósmico (ETC), como aquí o bien, es para un evento Tecnotrónico?”

Maggiorano, como adivinando que ella era la persona indicada le dijo:

“- Ms. Morgan, ¿es usted, Jerry Morgan?”

“- ¡Claro, Coronel, me extrañaba que no me había saludado! Estoy en Sagitta pero, a pesar de todo, ¡lo adivino de inmediato! ¡Qué gusto de verlo y oírlo!  Dígame… ¿busca a sus amigos de Lupus o bien, prefiere un encuentro con gente de otras galaxias?”

“- No, Ms. Morgan, simplemente, ni me puedo mover de aquí, de La Tierra. Tengo una misión que cumplir. Veo que, a pesar de la sensación de placer que usted me trae, ese no es el Espacio que buscaba. ¿Tomamos una copa otro día?”

“- Claro, Coronel Maggiorano, con gusto y hasta entonces!”

Se despidió así, lamentando la pérdida pero, como dicen en inglés “Duty first”, o sea, “El deber, está primero!”.

Siguió en mente su recorrido espacial y encontró otro Espacio pero, un joven lo apartó rápidamente de la visualización al decirle que ese sitio, había cerrado y cambiado de actividad hacía centurias, pues fue El Espacio de Colón.

Al final, encontró el suyo y quedaba en las afueras de la ciudad y se contentó de saber que no dejaría ese lugar, ni el país, ni la galaxia. El implante terráqueo estaba en el corazón de su aldea cósmica y suelo de los primeros Reyes de la Tierra del Oeste, donde habría quedado un emplazamiento de la Cultura de aquel Le Parc.

Había recorrido millones de años luz gracias a Virgin Flights y en su niñez, había visto (como preparándose),  centenas de films de Star Trek y sus argumentos, ya no lo atraían.

No tenía curiosidad cósmica pues, sabía que se trataba de rivalidades, guerras, invasiones, ataques y defensas, poder y sumisión, malos y buenos, dominados y dominantes y eso él… lo conocía de memoria.

Tenía una misión, pequeña, tal vez , menor pero si él era un Coronel Ad-Honorem y Honoris Causa, era porque nunca dejó de cumplir sus misiones.

Habló con sus colegas de Saint Louis y les explicó así:

“- Amigos de aquellas coordenadas: les digo con gusto que, asistiré al encuentro de los días por venir y de ese modo, compartiremos grandes textos ajenos y propios. Eso espero al menos, con un simple aporte de mi parte y los vuestros que traerán a mi suelo.

No obstante, debo aclarar que, no me moveré de su Espacio y tampoco de mi lugar en  mucho tiempo, hasta que no cumpla una misión.

Soy un Servidor del Reino y a Él me debo. Fui Defensor de la Galaxia pero todo eso ha quedado para el recuerdo, para las anécdotas y para que algún día, otros, lo traigan a sus memorias. Por ahora, me debo dedicar a algo elemental pues, se ha perdido una vida y quiero recuperarla.

Se ha secado un árbol en la puerta de mi morada. Hoy talaron los restos. La Naturaleza, ha perdido un hijo o un representante y hay menos savia en el Planeta Tierra. Eso se debe regenerar y hasta que no tenga un nuevo Pruno, la misión no estará cumplida.

Hace 20 años, comenzaba una etapa de mi era Cósmica Espacial. Y hoy, con la muerte y pérdida del Ciruelo Silvestre, se termina ese capítulo y comienza el de la Vida de la Energía Natural.

En uno y otro caso,

Hasta el Cielo, ¡siempre!

Juan Mangione

11 de octubre de 2018

19:46´

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