¡Ocultaba su personalidad!

Lo vio pasar a través de la ventana que daba al Oeste. Sólo se podía adivinar que su mente, era fuente despreciada en su trabajo. Sus manos eran fuertes. En una, cargaba un bolso flexible y en la otra, una mediana caja de alimentos. No lo podía negar pero, sin que lo quisiera, escondía que era un agente encubierto entre tantos mediocres.

Vestía de azul de cuello a pies, usaba una sola prenda, calzaba borcegos oscuros punta reforzada y un casco en la cavidad bajo el brazo izquierdo. Nadie lo notaría. Tal vez, Nietzsche o Pascal. Era un hombre sin dios y debajo de ese azul uniforme y, que lo confundía en una masa de otros miles iguales a él, se escondía un súper hombre.

Ese mismo que fue el viril, ingenuo y pecador pero desnudo Adán, pasando por el hombre bajo el metal del Coliseo Romano; tal vez un día, en Miércoles de Carnaval, se puso un traje cósmico de la Sonda Galileo y hoy, entre el ocaso del dinosaurio y el nacimiento del electrón, volvía, anónimo, impávido y olvidado a casa, hasta mañana a las 7:00 AM, cuando regresara a la mina de Litio.

Juan Mangione, Mza, 29 Nov. 2018.

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