Los Tres Elementos

Bisogna vivere come si pensa, altrimenti si finirà per pensare come si è vissuto.

– Paul Bourget.

Desde muy pequeño, fue adepto a la electrónica y a los sistemas de información.  Por eso es que ya perfilaba para esas lides cuando mayorcito, aunque este pasaje de su vida, se dio mucho antes que tales hechos cristalizaran en una formación profesional. Apenas tenía 17 años cuando comenzó esta historia, en una ciudad muy pequeña, casi remota y perdida en la costa atlántica, en un caserío llamado Victoria del Mar.

Lo tenía preocupado la Unicidad de Los Tres Elementos pues, como le había comentado a su padre en aquellos incipientes tiempos de su filosofía conurbana, ¿dónde estaba la Unicidad entre pensar, decir y obrar?

Para este muchachito tan inquisitivo, era imposible pero, intentaba ceñir su propia vida a esta norma  de obrar según una idea, hablar acorde con la misma y obrar en consecuencia. Su padre, le habría indicado que, pragmáticamente, no era viable en una sociedad, falaz, inescrupulosa y carente de normas o sin un sentido moral acabado.

“- Para mi propia vida, -se dijo-, tengo mucho tiempo para intentarlo y no está mal que así lo haga. Ese es el camino del individuo, es el camino, no del rebaño, sino del sujeto como hacedor de su futuro y única e indivisible  entidad. ”

Del mismo modo, se preguntaba, cómo sería la Unicidad de los Tres Elementos de Tierra, Viento y Fuego (Earth, Wind and Fire), tan mentados en canciones y en el esoterismo universal, pero, esto, no lo desvelaba pues, sabía que era algo que cada uno, lo vivía a su manera y con todo el empuje de su ser . 

Recordó también las Leyes de la Termodinámica y el dominio del calor en el cosmos. Supo de inmediato que habían Tres Estados respecto del calor pues el frío no existe. Es, presencia o ausencia de calor y la disminución del mismo, llamado tibio.

El calor, era la fuente de vida en el planeta y lo  tenía sin cuidado por su seguridad y longevidad anterior y presunta en la historia del hombre.

Respecto de la llamada tibieza, ni le importaba pues, Jesús dijo: “- A los tibios, ¡los vomito!” y por último, de este modo, cuando pensaba en frío, no sólo se le estremecían los pies de andar en las orillas de su pueblo marítimo y pisoteando olitas de agua sino que además, sabía que ya, desde joven, ese frío, se lo había dejado una mujer; una jovencita sin calor en el corazón y por lo tanto, una niña, que se había convertido, en una bella sin alma.

Quizás, allí estaba la Unicidad de esa pequeña criatura. La maldad no era otra cosa que la ausencia de calor, “-¡Son cosas de la Termodinámica!” – se dijo, una y otra vez!

Como se había dedicado a la elaboración de filtros electrónicos tanto físicos como virtuales, esbozó unos modelos de frecuencias bajas, medias y altas. De este modo, diseñó y luego, modelizó en su computadora, los filtros pasabajos, pasabandas y pasaaltos.

De este modo, podría viajar a través de  los distintos niveles de frecuencia de radios y canales de televisión, participar en diálogos y responder a preguntas, del mismo modo que podría formularlas.

Pensaba -para sus adentros-, “- ¿cómo es posible que habiendo un espectro infinito de frecuencias, me conforme con tres niveles de ellas que es sólo lo que puedo escuchar?”

De este modo, con los pasabajos, podía oír los sonidos del viento y las frecuencias de la voz humana;  los medios, estaban destinados a las radios y los altos a los canales de televisión y telefonía celular. Le había quedado todo muy claro y antes de ingresar a sus estudios formales.

No es que existan multitudinarias frecuencias. Es sólo un Espectro de Frecuencias de las cuales, él podía apreciar unas cuantas (pero escasas en  el total).

No menos importante le parecía escudriñar en los misterios de la Unicidad de los colores pues, sabía que el espectro total, tenía comprendido el llamado Espectro Visible, el que va  desde el infrarrojo al ultravioleta y existían muchas frecuencias más de las cuales, la mayoría, no entran en el campo colorimétrico visual humano.

Nuevamente, aparecía una trilogía pues, los colores del espectro visible, estaban categorizados en varias formas pero, los tres  primarios, eran el amarillo, el rojo y el azul. De ellos, surgían los demás y entre todos, el espectro en cuestión.

Se conformó con eso y se dijo: “- El Espectro Visible, es pequeño, todos juntos arrojan la luz blanca -que es la Unicidad-, pero yo, de todos modos, me quedo con el azul! 

Acudiendo a las más débiles ciencias de la humanidad, recordó a Platón y se fue a una emisora griega para recordar aquella Obra del 300 AC y que él y el mundo llamaron y acuñaron como “La República”.

En ella, se distinguen los Tres Elementos -de nuevo-, y son el Poder Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial pero, ¿Quién sabía hasta el presente de su Unicidad?  Creía este joven que nadie lo había descubierto si no, no habrían pasado miles de guerras en los contabilizados 4500 años de barbarie universal.

A todo esto, los temas trascendentales y del orden espiritual, también lo preocupaban bastante pero entrando por el lado, no tanto de la mística sino, de la razón. Fue así que se conectó con las mejores emisoras italianas y se quedó con un programa que trataba la literatura de los Clásicos Italianos y Universales, como Il Dante.

¿Quién menos que Il Dante para tratar el tema de Infierno, Purgatorio y Paraíso? De este modo, supo que, además de ser la preocupación de un jovencito, era tema de la humanidad completa pero, no se refería a la creación de una nueva teoría gnoseológica ni teológica sino, brevemente, a desentrañar los misterios del  por qué debemos pasar de un sustrato al otro, como se hace entre humanos, para cambiar de niveles de elevación espiritual.

Se encontró con el no menos problemático tema de la Santísima Trinidad y de ella, supo que eran Tres Personas y un Solo Ser Verdadero. Pero ¿dónde estaba el dios de tal trinidad o trilogía o tríada omnipotente, omnipresente y omnisciente?

En ninguno y en todos lados, en el cielo, en la tierra y hasta en el mismísimo infierno pues, quedaban tres niveles de nuevo, siendo que un renombrado Papa, había eliminado el Limbo y con ello, al Purgatorio, le quedaban los siglos contados.

Él, quiso ser sacerdote cuando niño pero su padre, sabía que la idea, era un fracaso desde su concepción pues, no era un hombre de preceptos guardar.

En aquella sencilla incursión que hacía de frecuencia en frecuencia, se le ocurrió ver aspectos de los escritos de un tal Nietzsche quien dijo que la relación de las creencias, era única y una sola para todos la humanidad pues, “-No existen los dioses; si existiesen, ¿por qué no querría ser yo uno de ellos?  ¿Ven?, luego, no existen.” De ese modo, el pensador había resuelto el problema de esta vida, el más allá y la trascendencia universal. De nuevo los tres niveles y sin contar que él lo resolvió con la negación.

Se leía en un calendario en la pared de su cuarto de estudiante de 5º bachiller, “20 de septiembre de 1972”. Era la fecha que se estrenaba en todas las salas de cine, la obra de Mario Puzo y Francis Ford Coppola, El Padrino.

Se adentró en los textos escritos de antaño y descubrió que Don Corleone habría dicho: “- El tema de la Unicidad, lo hemos resuelto nosotros pues, somos El Bien, El Mal y La Justicia, también!”

No le quedaba mucho por saber y por andar. Se había dado cuenta que ni siquiera tenía una respuesta de la Unicidad entre legos y prosaicos, ni entre creyentes y agnósticos. De ese modo, formaba parte de un exclusivo club de solitarios. El club de la banda de corazones solitarios que nada tenía que aprender sino, vivir lo que le quedaba por delante y de modo de sintonizar mejor con su compañía de notables e ignotos.

Escuchó atentamente algunos temas musicales, miró a su alrededor, se dio cuenta que nadie lo miraba, nadie compartía su soledad, comprendió que había vivido varios siglos en 33 minutos y se dijo, complacido con su viaje en el tiempo y en el pensamiento de la humanidad: “-Todo por mí  mismo.

 Juan Mangione

Director

Mendoza, 26 de Enero de 2019, 17:19 

 

 

 

 

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