Pionerismo y La Construcción de Pasados

Mucho se ha dicho y escrito sobre los pioneros y su compromiso. Ciertamente, el tema merece atención especial por lo que dedicaremos unos simples párrafos a su trascendencia en el seno de la sociedad y en el transcurso del tiempo.

En primer lugar, desde nuestra óptica, un pionero es sinónimo de adelantado, sea lo que fuere su campo de acción. Tal condición de adelantado suele venir de la mano del mayor atributo que podríamos disfrutar en el género humano: la creatividad.

Además, algo del hecho de ser creativo radica en «no conocer o desconocer» lo existente para dedicarse por completo a lo que hay por hacer. En términos actuales y dejando de lado interpretaciones farandulezcas, un pionero, un creativo, es un transgresor.

De acuerdo con el sociólogo George Gilder en su artículo La necesidad de fe, Revista Face­tas, 4, 1981, pag. 24, «…la lógica de la creatividad suele saltar sin mirar. No se puede ver algo nuevo plenamente desde un punto de vista viejo. Es el salto y el no mirar lo que genera la información crucial. El salto a través del tiempo y del espacio, más allá del enjambre de hechos observables, es lo que abre el panorama del descubrimiento… La imaginación precede al conocimiento… Para el pensamiento creativo, es vital una sensibilidad a las reacciones. El pensamiento creativo debe estar abierto al cambio y a la sorpresa. Aun los procesos  creativos relativamente sencillos requieren una zambullida en la oscuridad – una esfera inconmensura­blemente fructífera – que a muchos desconcierta. Toda creación requiere un salto de imagina­ción y fe…»

La condición asociada al rol creativo del pionero es la divergencia. Exactamente, todo aquello que se considera propio de un pionero, poco tendrá que ver con todo lo comúnmente encasillado. Expresándolo de otro modo, la divergencia es la facultad del creativo para apartarse de lo hecho. Como mínimo, se planteará un paralelismo antes que una coincidencia y en el caso normal, una absoluta divergencia, la que abre nuevos rumbos en la disciplina en cuestión.

Si hay algo que aparece como rasgo asociado al pionero es que asume el riesgo en forma personal pero sin trasladarlo a terceros, clientes, usuarios, amigos, autoridades, etc. El pionero vive en el riesgo de su propia empresa como una variable permanente de su vida pero no genera inseguridades. Las absorbe, las hace propias y las convierte en hechos destacados, anticipados, desconocedores de lo establecido y comprometidos con la creatividad o al menos, la innovación.

Como no se puede dar el pionero sin todos sus trazos, para que su obra reciba el mismo carácter, hombre y obra, tienen una relación extraña con el tiempo, retratando su espíritu con la anticipación. El punto de contacto con el tiempo es, ciertamente, muy extraño. Su relación y paso por el presente es fugaz, casi intangible y, probablemente, será poco reconocido por sus pares, autoridades y subalternos.

Por el contrario, el pionero tiene un fuerte vínculo con el futuro, tema que desde luego, lo atrae y arrastra permanentemente hacia adelante. Aunque el lector podrá disentir sobre lo aquí expuesto, tenemos para agregar que los pioneros tienen una noción de un tiempo al que podríamos denominar, pasado-en-futuro. No crean que Leonardo, Verne y tantos otros, miraron hacia atrás. Somos nosotros los que lo hacemos. Es en esos pasados que fueron futuros en los que nos apoyamos y sobre lo que descansa la consciencia del pionero: el futuro que promovieron y el pasado que nos legaron.

Consideramos que tan atípica como su vida y obra, el pionero tiene una noción de la construcción de pasados que el hombre normal, ignora. El creativo, el adelantado, sabe que está lanzándose hacia adelante con lo que se compromete en una elíptica hacia el pasado. Es un convivir en los tiempos y en los significados de vida, obra y ubicación espacio-temporal.

La tecnología, tal como ya lo hemos expresado en otros artículos, abraza al hombre y la cultura, transformándolo en algo cuantificable y binario como 0 y 1,  demarcando el límite entre aliados y opositores, entre simpatizantes y detractores. Lo cierto es que la tecnología, sobre todo, su más promisorio representante, la informática, nos envuelve con su susurro de promesas, su proyecto de vida superlativa, el ocio creativo y la recomposición de las relacio­nes laborales, hombre-máquina y empleado- empleador.

Lejos de que ésto ocurra, consideramos que la tecnología y su parafernalia discursiva asociada, está contaminando desde el lenguaje natural, hasta la forma de concebir el mundo. Zapping, mass media y multimedia, dictaminan las formas de ver, de interpretar, de vivir y de una u otra forma, se establecen patrones que  condicionan seriamente, la creatividad, el talento, el ingenio y la posibilidad de imaginar mundos y dimensiones posibles en un futuro que no pro­venga de una factoría electrónica.

Existe una miopía en cuanto al apetito de este presente que se devora nuestras posibilidades futuras en su mundo de satisfacción a distancia, globalización de mercados, estandarización de gustos y nivelación de las aspiraciones. El siglo XXI será inminentemente tecnológico, refor­zando los trazos destacados para el fin de siglo XX.

La diferencia, la pueden marcar los hombres por venir, los pioneros del nuevo siglo, iluminados que el presente se niega a dejar ver o que alguna pantalla, algún control remoto o alguna computadora, está empañando y no deja penetrar en el universo de las ideas preclaras.

La construcción de pasados es un compromiso de los impulsores de futuros mediatos e inmediatos. Necesitamos que esta sociedad se preocupe por generar, reconocer, promover, apoyar y seguir a todo aquel que presente un atisbo de dicho perfil, por el bien de las instituciones, por el futuro que les tocará a las generaciones venideras y por el pasado que quedará retratado con nuestro presente.

Revisado, 19 de junio de 1997.

Juan Mangione

Director

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