Mestre em Ciências, Maestro en Ciencias, Master of Sciences (o bien,  ninguna de las anteriores)

Quería hacer una Maestría en Informática en la Educación. España me aceptaba el título de ingeniero pero, no existían becas de posgrado. Mientras tanto, Estados Unidos, me consideraba viejo pues, tenía 32 años y no 24, que era el límite para el ingreso. Esto, sin contar que, con su consabida política de estudios pagos, la maestría en cuestión, me costaría 24 mil dólares constantes y sonantes.

Descarté ambas opciones y escribí a dos universidades en Brasil: Unicamp y la Federal de Río de Janeiro. Fue esta última la que me aceptó y concedió una beca de estudios. Además de eso, me extendió un seguro de salud y así comenzó mi vida estudiantil un 27 de febrero de 1987 y terminó un día como hoy, el 24 de febrero de 1989, con defensa de tesis incluida.

Ingresé con el consentimiento primario de Luis Paulo Vieira Braga -a la sazón uno de mis enemigos-, y Carlos Alberto Nunez Cosenza. Ambos intentaron no crear enemistades ni rivalidades pero, el genio argentino-brasileño nació rápidamente y en menos de dos o tres semanas, ya éramos enemigos mortales entre uno (yo) contra el resto del país.

No lo pasé nada bien, tuve intersticios de mala alimentación, huelgas de no docentes (no cobraba la beca) y desmanes de hasta docentes como del Dr. Claudio Amorim que me coreaba con dos de sus secuaces “galinha”, en los pasillos del primer piso.

Terminé mis estudios bajo la dirección de la Dra. Dina Feigenbaum Cleiman y del Dr. Michel Thiollent. Fueron nobles, idóneos y grandes amigos, a pesar de todo.

Tuve una defensa de tesis de 37 minutos de duración con algunos pocos amigos y 25 interesados del público abierto los que te pueden fulminar.

Obtuve un “sobresaliente” y con recomendación de publicación y una banca de cinco integrantes en el jurado. Terminé exhausto. Había comenzado además, un doctorado en Ergonomía Cognitiva.

Luego, viajé a Mendoza brevemente para asistir a la intervención de mi padre de estenosis aórtica. Falleció en la intervención. Fue fulminante el catastrófico estado de sus arterias y su falta de coagulación. Se desangró en vida. Aún duele su pérdida irremediable.

Dejé el doctorado recién comenzado, volví a la Argentina definitivamente y desde entonces, los días como  hoy, los recuerdo a todos: ¡a Alferes, Terezinha, Jorge, Cristina, Beatrizinha, Severino, Mauro, Marcelo,  Reginaldo, Samuel, Marcia y quién sabe cuántos más!

Todo se fue al olvido y todo quedó en la memoria de los papeles inútiles pues, me dieron un certificado sin sellos ni firmas de los Directores o Rectores de la Universidad. ¡En el fondo, fue un gran fraude que no sé a quién se lo debo!

¡Gracias por la playa de unos pocos días, dos o tres noches de felicidad carnavalesca, los miércoles de comer pescado en el puerto, las guitarreadas con los Tavares, el espíritu de Vinicius de Moraes y hoy, hace exactamente 30 años que recuerdo aquello de “tristeza nao tem fim!”

 

Juan Mangione

Febrero 24 de 2019.

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