¿Vamos al zoológico? ¡Hay un perro!

Parece ser que nadie, salvo Vitus Dröescher, ha capturado la esencia de los animales y retratado en cinco ejemplares editados en los ´80. Este autor, supo poner en valor la trascendencia del reino animal, partiendo desde la conocida supremacía del Rey León, hasta el desconocido sueño de tres minutos (cada treinta de vigila) de las jirafas por temor a los predadores.

Dröescher, nos enseñó que la naturaleza habla a través de sus protagonistas y bien lo hace por sus actos magníficos de conductas milenarias y de instintos que ya son formas de inteligencia. ¿Quién podría discutir que las abejas pertenecen a una situación de cultura superior de la naturaleza en el planeta Tierra  y desde hace millones de años?

Del mismo modo, podríamos decir que los delfines y el hombre, tienen una vieja relación entrelazada entre los misterios del mamífero que vive en las inmensidades de los mares y el hombre que se aventura a los mismos y acude a la ayuda del cetáneo para sobrellevar sus percances en el agua.

Los delfines, mueren jóvenes en cautiverio y pasan de los 50 años en libertad, viven felices y ayudan al hombre si este los necesitara pero esto, no termina aquí. Veamos algo más y de lo mucho que quiero ilustrar en esta nota de opinión.

¿Pero qué ocurre? ¿Nos hemos olvidado que los perros ayudaron al hombre desde la defensa personal hasta en el pastoreo de ovejas y ganado en general? Ha pasado a la historia el mito y verdad que es el mejor amigo del hombre? ¿Será casualidad que nada mejor que los niños se críen con la compañía de un perro a su alrededor? ¿Por qué los médicos veterinarios recomiendan perros para la primera infancia? Y sigo preguntando, ¿por qué se utilizan los perritos lazarillos para ciegos y los que acompañan a chicos con capacidades diferentes? ¿Lo ven? Es todo una cuestión de buen tino pues aquí, ¡no entra la Inteligencia Artificial, por suerte y hasta ahora!

Y a pesar de todo lo expuesto hasta el momento, el fin del mundo (¡muy chistoso!, ¿no?) se aproxima a pasos agigantados pues, la estupidez humana no deja de pergeniar (¡valga los genios!), algunas pavadas intentando reemplazar un paquete de inteligencia del 100% puro talento natural y transformarlo en Inteligencia Artificial e, inclusive,  olvidan la Inteligencia Animal y mucho peor que todo, dejando de lado a la Inteligencia, talento y creatividad humana.

Digámoslo en otras palabras: lo seres humanos, piensan y sienten. Los aparatos de Inteligencia Artificial -sobre lo que ya he escrito y no poco-, sólo procesan y no tienen chances de pensar ni de sentir, salvo por un «implante de tales mecanismos tomados de un humano real».

En síntesis, cada ser humano, piensa y siente diferente de aquellos que le dieron vida, porque es «único e irrepetible» en tanto que, un pedazo de latas, plástico y chips electrónicos, siempre será aquello que se le indujo o grabó un programa de software y nada más que eso hasta que lo «reprogramen».

¡Triste, crudo pero real, con solamente el reflejo de quien lo genera y ese aparatito, repite todo lo que le fue conferido con tal programa y nunca como el milagro de una mente y de algo inexplicable que son los sentimientos humanos (y hasta de los animales).

Ahora bien, como pueden apreciar en la foto superior , se está realizando un ajuste a un robot y de parte de un ser humano para con la máquina (no es otra cosa) y sin embargo, he leído hoy con estupor que, en Buenos Aires, Argentina, en 2018, se han adquirido e incorporado 9.000 kits de róbótica, para unos 1.500 escuelas y en 7.000 talleres para docentes y así introducir horas de clase de tal asignatura en  las escuelas de la Provincia de Buenos Aires. (ver tuit original). ¿Esto es progreso?

Considero que esto es una pérdida presupuestaria total pues, hay muchos docentes que necesitarían esos ingresos para enseñar y  vivir más dignamente. Eso por un lado; por otro lado, está la inquietante realidad de lo que me indica la Escuela Waldorf, desde que la descubrí en la década de los ´80.

Según Rudolph Steiner (su fundador), un niño en el primer septenio de vida, tiene sus facultades dedicadas a las actividades psicomotrices. Por ello, salta, juega, se mueve y así, descubre su cuerpo. Es la «propiocepción», la percepción del sí propio.

En el segundo septenio, (hasta los 14 años), se dedica a la fantasía, la creatividad y la maquinación de ideas insólitas y hasta la fabulación. Aquí está el delito de los «innovadores del apocalipsis».

Le están robando la infancia a los niños pues, dijo Steiner que, sólo después de los 14 años, o desde el tercer septenio (14 o más años), se despiertan las facultades analíticas o de las altas complejidades como la matemática, la geometría, la lógica de conjuntos.

¿Quién quiere o pretende que su hija o hijo arme robots en la sala de casa de su hogar en vez de tocar violín, piano, guitarra, saltar en el patio o saltar un metro en limpio y llegar hasta su rodilla y decirle, «- papi, te quiero», – y luego, bajarse de otro salto?

¿Están esperando que un perro de lata les mueva la cola? ¿Tal vez les gustaría que sus hijos tengan un chip en la oreja y sepan cuanto y cuándo pagan un dron para irse a la escuela en vez de irse con papá o mamá?

Están pensando que es mejor vivir en una ciudad de 20 millones de habitantes, vivir 3 horas al día en las autopistas y llegar a casa sólo para dormir y ni ver a los chicos mientras los cuida una «robotina»?

Bien, si eso les gusta y es lo que están esperando, no se pierdan el próximo programa para el  domingo porque sus hijos les van a decir: «- Papá… ¿vamos al zoológico? ¡Hay un perro!

Juan Mangione

Director

Mendoza, 25 de febrero, 2019, 16:25´

 

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