Las Negras y Las Blancas

El arco avanza y retrocede,

La cuerda se tensa y sin embargo,

No hay flechas y nadie muere.

El arco frota la cuerda,

Nace la vida y brota la música.

Bella, única, genial.

 

Las teclas, negras y blancas,

Curiosamente intercaladas, juntas.

Las negras, menores en número,

Están en lo alto,

Al revés que en África.

Las unas no  pueden sin las otras y

Sólo juntas, son.

 

Edith, ataca el teclado,

Presiona las llaves:

Todas y cada una.

Y no salen misiles.

Ella, se mece y transporta.

 

En el “Moderato de Boccherini”,

Apenas comenzando,

Veo a mi Viejo en una lágrima furtiva.

Desde el mural de escenario,

Alguien me ve llorar.

¡Disimulo!

Reviso las ventanas del decorado,

Una por una y,

En una de ellas, ¡de nuevo!,

Mi Viejo, disfruta del encuentro,

Como poco lo hicimos juntos,

Como nunca lo hicimos antes.

 

Irene, y Edith se retiran.

El arco y la cuerda,

Las negras y las blancas.

Brahms y Piazzola,

Sonata y Milonga.

Adiós Nonino y,

¡Me vengo abajo!

Saludo a mi Viejo,

Comprendo a Piazzola

Dejo la sala y,

Vuelvo a casa

Pensando estas líneas,

Despacito,

Atravesando calles y sendas peatonales y,

Siempre lo mismo,

Curiosamente,

Una negra, una blanca,

Una negra, una blanca,

Una negra, una blanca…

Juan Mangione

Mendoza, 17 de octubre de 1989

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