La ampliación del alfabeto

En el mundo de la informática estamos viviendo cada vez más intensamente la amenaza de  la insensatez  de los discursos. El péndulo del lenguaje oscila de extremo  a extremo  sin llegar a una posición de equilibrio. Estas oscilaciones extremas se reflejan en nuestros  discursos… Si fuéramos lo bastante informatizados para entregarnos de cuerpo y alma a  inversiones extremadas, ya no nos quedaría otra alternativa sino renunciar a la creatividad de  todo lenguaje natural y de todo discurso original…

Carneiro Leao, 1987.

Introducción

El  lenguaje, sabemos, es algo dinámico. Crece, cambia, muta, incorpora, transforma, transgrede y a veces, es agredido. Nuestro punto de vista aspira al equilibrio. Nuestra  preocupación es  el respeto por las lenguas humanas y la producción de neologismos  apropiados.  A partir  de la cita de Carneiro Leao y esta introducción, presentamos al lector varios  puntos  de vista sobre lo que estamos observando día tras día en nuestra lengua y otras lenguas, influenciadas por la creciente tecnología de la computación y las comunicaciones de esta era que vivimos, la que quizás algún día, sea catalogada como el «Período de Globalización».

Es, prácticamente un sin sentido que mientras que la Inteligencia Artificial se encuentra cada  día más preocupada con establecer los patrones que rigen la comunicación  en  lenguaje natural, éste  se aparta cada vez más de sus cauces primigenios  para  confundirse,  justamente por influencia de la tecnología, en una mezcla de neologismos y barbarismos insospechados. Los patrones de comunicación entre niños y adultos, adquiere visos tecnotrónicos gracias a una virtual ampliación  del  alfabeto mínimo de cualquier lengua nativa,  para pasar  a  incorporar elementos del ya conocido código ASCII (American Standard Code for Information Interchan­ge).

Los orígenes del fenómeno

Hacia el final de la década del 80 se produjo la invasión de computadoras en las escuelas primarias y secundarias y con ello surgieron todo tipo de proyectos de aprovechamiento del recurso informático.  Siendo  sus objetivos sanos y futuristas, la tecnología  introdujo  fuertes modificaciones  en el lenguaje cotidiano, apareciendo las primeras expresiones  que  denotaban una contaminación  del lenguaje natural. Tales son los casos de «deletear» un archivo, «breiquear» un  programa,  «bacapear»  archivos o documentos, «butear»  la  máquina, «resetear», «cropiar», entre muchas, muchas otras expresiones del imaginario tecnológico.

Paralelamente,  surgieron palabras directamente utilizadas en su lengua de origen (inglés),  sin dar  lugar  a la aparición de neologismos apropiados  en español  o cualquier  otra lengua  de los países no generadores de la tecnología informática. Tal es el caso  de  «plotter», «buffer», «bus», «hardware», «software», «scanner», «feedback», «interface», etc.

Otro  aspecto a ser contemplado, es la contracción de disciplinas por una pretendida  economía de  la  expresión. Ejemplo de esto son la Inteligencia Artificial  (IA), Informática  Educativa (IE), Bases  de  Datos (dB), Teoría del Conocimiento (TC) y una completa gama  de  áreas  y segmentos de las ciencias que se nombran por sus códigos tecnológicos,  respetando, a  veces, su lengua de origen y, otras veces, adaptados a la lengua destino.

Digamos que un lenguaje, es una manera de apreciar el mundo y de interpretar la experiencia. Cada lenguaje es un instrumento que orienta a los seres humanos en la observación, en las reacciones  y en las formas que ellas se expresan. Podemos agregar que  cualquier  lengua natural es más que una herramienta para transferir ideas, para influir en los sentimientos y para la propia expresión. Cada lenguaje es también un medio para categorizar la experiencia.

El lenguaje y las tareas

Dentro  del compromiso entre lenguaje científico y lenguaje natural, podemos expresar que, existe una correspondencia entre el tamaño de las tareas y la complejidad  de los lenguajes. No hace  falta un lenguaje natural computarizado para consultar una base de datos  porque  un simple  «click» es más simple y eficaz mientras que, no se puede hablar con códigos  mnemónicos en  la cotidianeidad de nuestros días. Tal como se expresa, el lenguaje  y  su complejidad semántica, están íntimamente relacionados con el tamaño de las tareas a desarrollar.

No podría faltar el uso de  ciertos neologismos o barbarismos en la búsqueda de distinción en algunos segmentos sociales. Cada vez más, los usuarios de computadoras se identifican por  una serie  de códigos que no quieren decir que se encierre conocimiento, sino  que  están cercanos a las esferas de productos informáticos. Así cualquiera habla de aparatos y sus  aspectos asociados haciendo de esto, una declaración de «incumbencia tecnológica».

Resumiendo,  la tecnología  aloja sus códigos, la ciencia, sus patrones y  el lenguaje natural, expuesto  e indefenso, se adapta y adopta expresiones que muchas veces no necesita, en pro  de una   modernísima economía de la comunicación y codificación de la comunicación  tecnológica. No  importa  cuál sea nuestra lengua materna. Lo importante  pareciera  ser  modificar  lo menos posible  la  palabra original sin traducción conceptual del  fenómeno.

Traduttore, tradittore

Toda  traducción, encierra una trampa, una traición, una incógnita, ciertos imponderables en la interpretación y ciertos rebotes que no podemos contemplar al traducir.  En  líneas generales, existen tres tipos de traducciones:

a.-  Traducción  Literal, la que transfiere palabra por palabra y presenta algún tipo  de resultado cuando las lenguas se parecen en palabras y estructuras.

b.- Traducción Oficial, en la que se respetan los equivalentes idiomáticos y,

c.-  La  Traducción Psicológica, la que produce en el oyente de la segunda lengua,  los mismos efectos que produciría en el oyente de la lengua original.

Obviamente, esto tiene poca repercusión en el seno de la sociedad a la hora de incorpo­rar  un vocablo.  La  gente, simplemente, usa palabras, transforma términos  a  su gusto;  los confronta con sus pares tecnófilos y si el código «es bueno», se lo da por asimilado al lenguaje cotidiano. En poco tiempo, tendremos que acostumbrarnos al mismo, bajo la concepción de  la cita  que encabeza esta reflexión y bajo la consigna que en cualquier  momento, abandonaremos los esfuerzos por preservar la lengua.

Desde  la  óptica del autor, hay una pasión por la  profesión,  un  amor insoslayable por  su lengua materna, un acabado respeto por otras lenguas  y  una  necesidad irrefrenable de respetar cada dominio. Para  finalizar, una cita de Jorge Luis Borges quien nos habló de la palabra y su  contenido  en forma inconfundible a través de su obra «El Gólem», inolvidable escrito sobre la imitación de  la Creación Divina:

Si (como afirma el griego en el Cratilo)

El nombre es arquetipo de la cosa,

En las letras de rosa está la rosa

Y todo el Nilo en la palabra Nilo.

Explicado  esto, sólo nos queda expresar nuestro interés en que se adopte lo inevitable, se adapte lo mejor posible, se filtre lo evitable y de ese modo, intentemos el rescate de  nuestra lengua, patrimonio  milenario, viajero oral de eras y generaciones, testigo  escrito  de  nuestro devenir cultural y juez infranqueable de nuestra capacidad de expresión.

Juan Mangione

Aprox. 1989. 

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