Uno y tantos

Los clones de Maggiorano, se habían multiplicado tantas veces, que el planeta Tierra, se había tornado un lugar imposible para vivir o bien soportarlo, allá por el año 2050. Esto se debía a la presencia de sus reproducciones de tipo especular, fantasmagóricas, con apariciones repentinas y lo que se adivinaba ya como una condena sempiterna.

Los clones eran criaturas con entidad para asumir una estructura omnipresente, omnisciente y omnímoda en todos los puntos de ese planeta, ya devastado y aniquilado por la mano del  hombre y el mentado Cambio Climático.

Fue así que se reunió la Junta Interplanetaria, con el fin de eliminar a las copias y, si era posible, dejar solamente al original, si es que no se les iba la mano y lo liquidaban en la racia. A él, lo querían vivo pero inutilizado o, al menos, inerme para que no siguieran produciéndose copias de tal sujeto, uno de los que no comparecía ante los Tribunales Galácticos y no se ceñía al Orden Orbital por Excelencia.

Así fue que, intentaron con la frase lanzada al Cosmos, desde todos los Medios Interestelares diciendo, “- ¡Entregate, Maggiorano!”, – pero inmediatemente, se dieron cuenta que era una idea del Negro Fontanarrosa y dedicada a sus queridos Inodoro Pereyra y el perro Mendieta.

Siguieron urdiendo formulas mágicas para eliminar los clones de Maggiorano y entonces enviaron un Sicario Interestelar Multiarmado con Potencia Ilimitada de Inteligencia Artificial (HAL X 10^12), y le dijeron: “- La Fuerza sea Contigo!”, – pero, a los pocos segundos El Sicario, retornó sin resultado alguno pues, HAL, fue anterior al Génesis y esa frase, era de George De Luca.

Fue así que recurrieron a Borges, en el que sabían que Maggiorano había abrevado profusamente y encontraron aquel cuento “Everything and Nothing”. Se dieron cuenta que El Creador, se había encontrado con el personaje del cuento y le había dicho, (antes o después de la muerte): “- … Yo tampoco soy, pero una vez tuve un sueño y allí estabas tú..!”.

Al pronunciar estas palabras desde un banco solitario de La Biblioteca Nacional en Buenos Aires, un joven estudiante de Tercero  de Literatura, eliminó a los clones, los que se esfumaron en la continuidad del Sueño del Maestro.

En el mismo instante, en los teletransmisores de la Tierra, se pudo ver al único e irrepetible Maggiorano, sentado en un rincón que miraba al Oeste, en su casa del interior del país mientras que, un felino tricolor, le pasaba indiferente por adelante.

Juan Mangione

Mendoza, 11 de enero de 2018, 20:00´.

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