El Cultor y La Flor

Nacía la flor, El Cultor la observaba. Estallaba la belleza en su Reino. Se contentó: La miró con placer. El Cultor y su Flor. Ella, se reconoció observada, busco a su Señor en lo Alto y Él, más sabio que omnisciente, ¡la contemplaba!

-Cada vez que crezca.

¿He de elevarme a tí,

Mi señor?

-Así es y yo aquí,

Para que hasta aquí llegues.

-Mi Señor,

¿Si el crecimiento doliera,

¿Me dejarías buscarte?

-Y yo aquí,

Para que me encuentres.

-Mi señor,

¿Y cuando la desazón me ocupe?

-Yo aquí, para responderte, Mi Flor.

-¿Es así que será mi vida,

Entre el cielo y el fruto,

Mi señor?

-Así es.

Y yo aquí para que se cumpla.

-Mi señor,

¿Es así que me cuidas?

– Así es.

Y tú, para cuidar de tu fruto.

-Mi Señor,

¿-Es así que tú eres Mío?

-Así es,

Como lo soy de todos.

-Mi señor,

En el Principio y

En el Fin,

En la sombra o

A pleno sol,

¿Serás mi nube y mi lluvia?

¿Serás mi cielo y mi viento?

 

El Cultor que todo lo sabe, ni siquiera piensa en el fin de su flor, así pide y ordena:

-Así es de Principio a Fin:

Seguirás a tu Cultor,

Llegarán tus raíces a la tierra profunda,

Torrentes de sabia alimentarán tus días,

Conocerás la nube y la lluvia.

El cielo de tu Cultor será tu techo y su soplo,

Te recordará la Vida

-Así sea, Mi señor,

Mi Cultor.

 

¡Todo es como es, sea flor la flor, sea el Cultor lo propio y descanse el orden sobre esta verdad!

Juan Mangione,

Noviembre 29 de 1990

 

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