Emilio, el bibliotecario de imágenes

Treinta y dos cuadros por segundo,

Lumiere y La Guerra de las Galaxias,

Blanco y negro y la policromía de fin de siglo:

El nuevo bibliotecario

Guarda en mente trillones de imágenes

Que desbordan las 25 letras del arcaico alfabeto.

 

Mutación de objetos lingüísticos y

Semiótica de la Comunicación Visual

Metz, Peninou y Pierce.

Otros autores y se desata la locura visual.

 

Mis retinas se resisten a tal bombardeo:

Lassie, Flipper y Willy,

Moe, Larry y Shemp,

Marrale, Bidonde y Dumont,

De Niro, Pacino y García,

Woody, Francis, y Martin,

Cine y Televisión

Me invaden por completo

Para dejarme una conclusión

Que se mezcla con mis sueños de almohada y

Y mi locura diurna.

 

¡Qué fantástica sensación!

El cine retrata los sueños del ingenuo y,

La televisión me trae semblanzas de mi propia vida.

Me pierdo en una locura  jamás imaginada y,

Sólo de vez en cuando, aparecen las letras al pie.

La radio, muda, acepta su paulatino desplazamiento.

Busco refugio en los medios visuales y

Todos me hablan a los gritos acerca

De lo que debería hacer.

 

Desconcierto y pimozida.

Las neuronas vuelven a su lugar.

Las imágenes  ya no me hablan.

Sólo veo escenarios ficticios

De un director que se molestó

En estamparme su firma en las retinas.

 

Acepto el regalo.

Tomo el último trago de vino y

Pienso qué veré esta noche,

Mientras rueda por mi vieja 8 mm mental

La máquina de cine con que hubiera filmado

Todos y cada uno de los personajes reales de

El Padrino.

 

Cambio de cinta y veo pasar

Las imágenes de mis últimos días,

Descifrando una trama que, felizmente,

Mantuvo la incoherencia de cabo a rabo:

“- La coherencia es el opio de los pueblos”,

-dijo alguien, ¿o tal vez, me equivoqué  de ideólogo?

El aburrimiento es  una consecuencia

Insoslayable de la coherencia.

Apago la vídeo y, finalmente,

Acepto el peor de los espectáculos:

Recurro mansamente a las imágenes de mi mente,

Las que me traen todos los géneros previsibles,

Mezclados con algunos bastante increíbles,

-en pro de la incoherencia-

Me acomodo en el rincón favorito de mi mente: los delirios.

Inclino la butaca de la sensatez y,

Descarto toda posibilidad de interrupción.

Nada vale si viene de afuera:

Autista y neurótico, cuando no,

Totalmente perdido,

Recuerdo que este  film, no existe

En la sala de Emilio,

El bibliotecario de Imágenes.

 

 

 

 

 

Mendoza, 21 de mayo de 1999, 21:35´.

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