¡Bonjour, Madame!

Corría el invierno de 1986. Se celebraban en el Sheraton Hotel de Buenos Aires, las Jornadas Franco-Argentinas de Informática en la Educación. Estuvimos reunidos un par de días con colegas de la educación, el empresariado y los gobiernos de ambos países a expensas de la Gestión Alfonsín en la Presidencia de La Nación.

Cuando terminó el gran festín de tecnología y pedagogía, saludé a una señora que figuraba como disertante en el programa y ella era Madame Michelle Micheau. Me dirigí a ella, estreche su mano, apreté con afecto y respeto y le dije en mi mal francés “-¡Bonjour, Madame!”. Ella respondió con igual formalidad, “-¡Bonjour, Monsieur!”.

Regresé a Mendoza, pasaron los años hasta que en 1991, se me ocurrió -pasaporte italiano en mano-, irme a vivir a Italia.

En la Ciudad Eterna, Roma, se celebraba un congreso de Inteligencia Humana e Inteligencia Artificial. Me inscribí de inmediato en la prestigiosa Università La Sapienza y allí fue cuando descubrí que era una iniciativa de los gobiernos de Francia e Italia.

Estuve asistiendo de oyente –mal oyente pues, no entendía mucho la lengua- y, al cerrar el encuentro, cuando me retiraba, apareció una señora con el pelo tirante, la cara preciosa y el gesto intacto. La miré y reconocí de inmediato.

Era Madame Michelle Micheau. Le dije, “-¡Bonjour , Madame!”. Ella, atinó a decir algo automáticamente, más que por reconocerme y respondió : ”-¡Bonjour , Monsieur!”.

Y así, se confirma que cuando un rostro, un gesto una mirada, algo diminuto se adentra en el fondo de nuestros corazones o en el parpadeo de unas retinas, es para siempre.

¡Adiós, Madame!

¿Nos encontraremos en algún otro remoto congreso de los confines del mundo?

Juan C. Mangione
29 de abril 19:21 hs.

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