Nuevas formas de soberanía

El tema merecería un libro y  ya muchos afamados e ignotos han dedicado parte de sus vidas  a escribir sobre  este  tópico. La soberanía de las naciones, preocupación  de  algunos estadistas, anhelo de ciertos soñadores, orgullo de los pueblos… ¿Quién  no ha pensado alguna vez en ser parte de una Nación Soberana? Para el  desencanto  de muchos  y  la ilusión de unos pocos, existen muy pocas naciones soberanas en la  actualidad  y sobre  esto queremos expresarnos, exponiendo algunos puntos de vista que ilustran conceptos  y pareceres acerca del tema.

Recordará las formas de  poder,  de influir,  de someter o de ser, auténticamente, soberano. Sabrá entonces que los  antiguos pueblos, convertidos en imperios por sus gobernantes, eran y trascendían en función de su poderío bélico. Exactamente,  las armas, acompañadas del número, definían batallas  y modelaban  el presente y futuro de las naciones, determinando quiénes eran vencedores y vencidos.

Así vivimos en este mundo durante milenios hasta que, recientemente, se  dieron a conocer  nuevas formas  de dominación por un lado, o de soberanía,  por  otro: el poder económico. Ciertamente,  las naciones más avanzadas del mundo, colonizaron  a  las débiles, creando nuevas formas de control y determinando su espacio de  crecimiento  y posibilidades presentes  y futuras. Surgido desde Europa y expandido hacia el resto del mundo, las colonias traían  riquezas desde América, Asia  y África para las pocas naciones europeas, ricas, dominantes, por lo tanto, soberanas del mundo.

España,  Inglaterra,  Portugal,  entre otras potencias, crecen inusitadamente aprovechando  la dominación perpetuada por las armas y confirmando una forma de poder emergente frente a otra que se retiraba lentamente:  el dominio económico se elevaba y se desdibujaba  el  poder de  las armas,  mucho más enervante, cuestionado, criticado   y en algún momento, demostrativo  de torpeza  por parte de quien lo ejercía y desde la óptica de los observadores internacionales. La sutileza  vino  de  la  mano del sometimiento económico y de la  inteligencia  para  gobernar a distancia, sin ejércitos, sin armas, sin hombres de guardia ni delegaciones especiales  apostadas en los portales de una ciudad capital.

El poder del conocimiento y su asociada inmediata, la tecnología, han generado esta  forma  de poder, de control para algunos y de supremacía para otros. Ha nacido así,  la más novedosa de las formas de control de un país y determinación del posicionamiento de las naciones.

A modo de ejemplo, America On  Line  adquirió la Time Warner formando un conglomerado de tecnología/conocimiento/contenidos, muy difícil de igualar. Este acontecimiento, marca el principio de una tendencia y sus consecuencias, se verán en el corto plazo, cuando los medios y las programaciones locales de pequeños (pobres) países del planeta, ocupen el mero lugar de lo que hoy, es un comercial en un día de programación.

La asociación tecnología/conocimiento mueve hoy los mayores capitales del mundo, ni siquiera presentes en el mundo de “banking and finance”. De la mano de lo expuesto, surge la confirmación de nuestra sospecha más que de una hipótesis formal: Tecnología y Soberanía de las Naciones,  constituyen una dupla indestructible. ¿Cuándo comenzamos con los proyectos regionales para “subirnos” a la tendencia? ¿Cuándo comenzamos con la formación de los futuros líderes? Las respuestas, no están en las mentes de los lectores azorados ni de los columnistas incrédulos de las realidad que nos toca: las respuestas están en manos de dirigentes y empresarios. A ellos, arrojamos este guante. Quien sea capaz de aceptar el reto, que por favor, lo levante.

La nueva soberanía de las naciones se mide en conocimiento y en producción de tecnología. Se traza  de este  modo  un nuevo mapa de las naciones del  mundo.  Las productoras  y  las consumidoras de tecnología. Sabrá cada uno  situarse donde le quepa, sin sentirse mal por  ello. Desde esta óptica, no se puede negar una acentuada preocupación por lo que  significa ser un mero consumidor de tecnología.

En primer lugar, el Estado debe  aceptar lo que  no se genera localmente, digamos, casi todo. Por otro lado, las empresas, están obligadas a  comercializar  los  productos provenientes de polos de generación foráneos, digamos,  casi todo.  Los profesionales locales, en lugar de ser pensadores de la técnica, son reparadores de aparatos extranjeros, muchas veces indocumentados o con grandes deficiencias en la calidad  y cantidad de información disponible.

Por  otro lado, surge la pregunta… ¿para qué modelo de país estamos produciendo profesionales?  Las respuestas se agolpan en el umbral del desconcierto y arribamos a la conclusión  que  producimos profesionales  para paliar la situación temporalmente, sin rumbo ni destino  y  sin convicción  de surgir algún día, no definitivamente hacia un destino de grandeza pero  sí,  tal vez, hacia la inauguración de un camino de autodeterminación de la nación.

Le  formulamos una invitación. Le proponemos un juego. Tome un planisferio, hermosa representación del globo en que vivimos. Ahora, sitúese dentro del contexto de las naciones «soberanas» del mundo y comprenderá rápidamente que tal posicionamiento se lo deben al desarrollo educativo, el proyecto académico de sus continuadas gestiones de gobierno, a su tecnología de punta y  de  ese modo,  su lugar predominante en la pirámide del control  de  las situaciones político/económico/social en el mundo.

En el mismo mapa, marque las naciones pobres, sometidas tecnológicamente  y dependientes en toda ciencia y saber. Encontrará de igual modo y con la misma facilidad,  que su sistema educativo es caótico, que su sistema de investigación respaldado por  el  Estado  no existe o es muy pobre, que la empresa privada no apoya los proyectos estratégicos y finalmente, que no existe  la menor idea de prospección para delinear el modelo  de  país presente  y futuro.

De lo expuesto, sólo dos caminos: soberanía o sometimiento. Sólo dos vías: desarrollar  o consumir tecnología. De lo sugerido, sólo dos opciones, luchar con la inteligencia, capitalizar conocimiento o simplemente, dedicarnos a reparar trastos viejos importados  de cualquier lado.

La elección, lamentablemente, no es del ciudadano, es de los gobiernos. Tantas veces ausentes a la problemática, tantas veces incapaces de visualizar el problema, tantas veces inhibidos  de resolver el dilema…

No descartamos los condicionamientos, los hacedores de reglas del juego, los nuevos cartógrafos  del mundo. Sí, tal cual suena, algunas naciones dibujan los mapas de conocimiento y su emergente asociado, la tecnología. El que la tiene, pues bien, es soberano y los que no, tristemente  se  limitan  a repasar los planes exitosos de los líderes  del  mundo, revisan programas educativos de las naciones evolucionadas y finalmente, escriben columnas con la incertidumbre de alguna vez ver a sus pares y jóvenes, involucrados en un sueño de grandeza, en un proyecto de futuro, en una quimera alentadora, en un mar de  conocimientos y por lo menos, en un presente de convicciones.

Juan Mangione

4 de junio de 2019.

 

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